CRÓNICA DE UNA CARRERA PARA RECORDAR

 

MARATÓN DONOSTIA-SAN SEBASTIÁN 2007.

 

 

      Tiempo ha pasado ya desde el lance deportivo más atrevido y preparado de mi vida, y ahora, dos meses despues, voy a plasmar este evento para guardarlo en nuestra web. Cumplidos los 40 años me propuse no dejar pasar más tiempo sin tentar a la suerte con la carrera de carreras, aquella a la que están llamados a adorar y sufrir todos aquellos que disfrutan de correr y competir con otros y, sobre todo, consigo mismos. No hablo de otra prueba sino del incomparable MARATÓN.

 

      La historia empezó meses atrás, cuando los rigores del verano todavía no habían dejado aún nuestras tierras castellonenses y ya empezábamos mi infatigable compañero de entrenes, el guía y rompehielos en las pruebas de asfalto, y ante todo el amigo,  Nacho, junto a un servidor a preparar una carrera que se había de celebrar en el, aún lejano en el tiempo, mes de noviembre. Muchos kms soportaron nuestras zapatillas, muchas horas de entrene en momentos de soledad, cuando otros dormían, ante calor, frío o cansancio. Pero el plan se siguió, como se pudo, pero se siguió bien, y el día llegó para alivio de nuestros nervios.

 

      A las 12:30 horas del sábado 24 de noviembre del año del señor de 2.007 partía rumbo a San Sebastián la expedición del equipo Correcabuts formada por los conductores y afición sin igual, Palmachine y Albinegro, la compañera de éste Mufi, la mujer de Nach, Kalima, mi mujer Marfil y un servidor, el Pirata. Para el desplazamiento, y no sin muchos preparamientos y requiebros, habíamos alquilado una furgoneta de nueve plazas sin conductor y partimos rumbo al norte de nuestro país, con la intención de alcanzar destino San Sebastián sobre las 19:30 horas de esa misma tarde, pues la carrera se desarrollaba al día siguiente. Para asegurar la recogida de dorsales, que cerraba su entrega a las 20 horas, los fenomenales corredores Cesar y Arturo, compañeros de fatigas en las innumerables sesiones de entrenes en el pinar, que habían partido antes que nosotros, efectuarían la recogida de los nuestros junto con los propios.

 

      El viaje transcurrió entre bromas, cháchara, posibles estrategias y consejos, así como buenas dosis de risas y disfrute con la música preparada al efecto, con temas variaditos elegidos por nuestro animador de cotarros y buscador insaciable de música “estratégica”, Sr. Albinegro (destacar la versión de “Los coches chocones” que marcó el evento a la ida y a la vuelta, y algunos temas más de un sospechoso grupo llamado Operación Mutante, jeje).

   

      Paramos a comer en Calamocha, bocatas algunos, pasta los corredores, y dulces elaborados por el ya mencionado Sr. Albinegro. Antes de irnos pasaremos por el servicio.... uffff, alguien parece que está muriendo en el aseo, parece que le sentaron mal los garbanzos del menú......es inhumano, jajajaj. Seguimos contando kms. y cuando la noche había caído largo rato ya, cruzamos las montañas que tapaban la vista de la costa y escondían en sus faldas la urbe donostiarra. Llegados a la ciudad más vueltas que toreros,  ¡un parking por favorrrrr!!!! Pero que quepa la furgoneta dentro, ¡que en este nos atascamos!,... tira para atrás... jopeeeeee, gracias caballero por su impaciencia, es que no podemos ir adelante ni atrás...... Vaya movidas. En fin, nuestros enlaces nos habían recogido las bolsas y dorsales y nos las entregaron, nos despedimos y les deseamos suerte para el día siguiente. Hay que llamar al Mr. Él también correrá mañana, y con unos compañeros que van como tirossssssss. Todos estábamos cansados, buscando sitio para cenar y ya conectados con Javier y sus amigos, no hay forma, la gente sale a los restaurantes y están llenos, se hace hora de estar sentado y preparando la última comida de hoy para mañana estar fuertes. Los hermanos Iglesias en su hotel andan ingiriendo de lo lindo, nos saludamos y despedimos hasta el día siguiente. También decidimos separarnos de Javier y sus colegas, ellos tendrán sitio siendo pocos, en grupo numeroso es imposible. Volveremos al hotel donde nos ponen hora límite: si a las 22:30 no han llegado se cierra la paraeta. A las 22:15 estamos en el comedor. La cena es un desastre, mal servida, mal cobrada y a dormir a la una de la noche.

 

      Esa noche me dormí relativamente pronto- no pegué muchas vueltas quiero decir –y sin demasiados nervios. A las 6 a.m. suena el despertador, de mala gana voy al water para no despertar todavía a Marfil, me desayuno lo que puedo tragar, algo de fruta, frutos secos y poco más. Suelto lastre y voy concentrándome en lo que será la carrera. No me puedo levantar del “trono”, me entran los nervios y necesito vaciar bien. Parece que la cosa está dominada. Intentaré prepararme la ropa, entretenerme... hacer tiempo.

 

      En breve estamos todos reunidos, vamos hacia la zona de parking, un subterráneo en la zona de Amara, nos habían dicho que por allí habría sitio, aparcamos dentro y cogemos todo lo necesario. En el propio Hotel Amara desayuna la afición, Nach y yo calentamos. Palmachine se desvive por hacer de todo lo que sea menester. Nos acompaña a la furgoneta de nuevo para ponernos el traje de faena, pantalón corto y tirantes en la camiseta con el anagrama del Club Correcabuts. En la calle y para desayunar teníamos 2 grados a la salida. Yo por dentro ya ardo, no tengo frío y empezamos a calentar. Últimas fotos en la puerta del restaurante con la afición, los mejores deseos por parte de todos, Palmachine nos alienta y dejamos atrás a todos. La cosa está allí y este toro hay que torearlo ya.

 

      En la línea de salida vemos a Ayacucho y Berto, Alpinrunning estaba haciéndose unas fotos con los cracks de la prueba. Berto me pregunta por el tiempo que intentaré abordar, le digo que el entrene estaba pensado para 3:30 horas, pero el objetivo en este mi primer maratón es acabar. Nach me desea suerte, y yo se la deseo a él. Incluso quería más verle alcanzar a él su perseguida marca ante lograr yo el tiempo estimado. Merecía conseguirlo, de corazón.

 

      Nos agolpamos y suena la señal de salida, como estábamos en la misma línea del principio salimos escopeteados, que curiosa sensación tener que frenarme cuando el cuerpo me iba solo, corría mucho más rápido de lo que debía, pero aquí no podía aflojar, no podía frenar a nadie de los que iban a por marcas más exigentes, cuando llegamos a una pequeña curva del recorrido y cogimos una avenida muy ancha, siempre yendo por la izquierda, donde sabía estaría la afición, empecé a aflojar y coger el ritmo que me convenía para correr mi carrera. Al poco me alcanza Berto y me advierte que el ritmo es rápido para mis pretensiones, claro lo tenía ya y por eso fui cogiendo poco a poco mi zancada, en compañía de Alpinrunning. Qué gran persona es Ramón, fuimos conversando unos buenos kms. al principio, en la primera media, hasta que el poder de unos riñones drenando a toda presión hicieron que no tuviera más remedio que parar, a un lado entre arbustos, no costó más de 30 segundos de parada, pero ... QUE ALIVIO... jeje. Me reincorporé al ritmo, me había estado mirando el reloj, iba por debajo del tiempo estimado, a buena marcha, sensaciones de lujo, pero no quería acelerar más, iba sobrado de tiempo y los consejos de grandes corredores en mi cabeza, CUIDADO.. el maratón es muy largo, lo mejor es acabar bien, la marca déjala para posteriores ocasiones. Así pues cuando iba a llegar a la media maratón iba con dos minutos y medio más rápido sobre la hora y cuarenta y cinco minutos que debía haber marcado.

 

      Esta certeza de ir bien en este punto, unido a que iba hidratando en cada punto de agua, que iba tomando isotónica aunque se me hacía dificultoso, pues la daban en vaso, y que la temperatura se aguantaba fría y no desgastaba tanto, hizo que el padecimiento del paso de los kms. pareciera ralentizar se. Pero lo que de verdad impulsaba mi ánimo de una forma brutal fue la afición. ESPECTACULAR. Tanto nuestra superafición Correcabuda, que en cada paso por puntos donde estaban situados hacían notar su presencia, como por las sensaciones que iba percibiendo en cada pisada, en cada paso por puntos de control, por zonas donde la aglomeración del gentío, a lo lejos, parecía cerrar el paso. Todos gritaban y aclamaban a cualquiera que se acercaba a sus posiciones. Estabas encima y se apartaban en el momento justo antes del paso de los corredores. Un acompañante en bicicleta de un corredor que luego se presentó como Jon, al final acabó animándome a mi y a su amigo durante toda la carrera, oía como me gritaban los Correcabuts desde los pasos donde se encontraran y él ya me gritaba: “venga Pirata, venga, ánimo txapeldun” ......Y no puedo ni expresar el primer paso por dentro del Estadio de Anoeta. QUE PASADA... ya en el Km. 5 u 8 no recuerdo bien, se pasaba por dentro del mismo. Aquí pensé que cuando acabara sería apoteósico el entrar con el graderío lleno de gente y uno sintiéndose el más feliz de los humanos por conseguir su reto particular. En ese primer paso ya salí con el vello del cuerpo erizado y con renovadas fuerzas. Esas sensaciones se repitieron en otras zonas, una de ellas recuerdo que estaba justo donde tuve que hacer mi parada técnica. Allí había un equipo de sonido con unos altavoces que atronaban música rockera y viva. Por unos instantes te metías en los acordes y pateabas el asfalto como ingrávido, tarareando la letra en algún momento incluso. Esta parte del recorrido tenía una rampa con un desnivel no demasiado exagerado, pero que en cierto momento en el transcurso de la prueba ya picaba bien, pues esa ayuda, a la bajada tras una pequeña rotonda que volteaba la edificación de un transformador, hacía que el ritmo no bajara, que incluso se acelerara el paso para afrontar otros tramos de avenidas más largas con ánimos renovados.

   

      Pero lo que tenía de muy bueno el recorrido era que desde una sola posición y moviéndose apenas unos metros, la afición llegada a tierras vascas desde Castellón, nuestro baluarte, el empuje de los que corríamos, no paraban de vernos y de animar, preguntando siempre por como íbamos, Palmachine informando de los tiempos que llevábamos, referenciándonos el uno del otro, calculando, ... que pasada, que capacidad de despliegue de esfuerzo humano. Incluso se puso a mi lado pasado el Km 35 y se marcó una buena carrera hasta que decidió dejarme al estrecharse el recorrido en otra parte de doble sentido de marcha. “Te dejo que no te quiero pelar, luego nos vemos, jajajajaja. Aún me sonrío de la broma, que bien sienta tener a tu gente allí, sufriendo como tú, desde fuera por no poder correrla, pero desde dentro en cuerpo y alma, si señor.  Marfil expectante en cada paso por su posición, preguntaba cada vez como iba, y creo que tranquila estaría, aún a pesar de que se debe sufrir mucho también viendo a tu media costilla dejándose el aliento sobre el asfalto, pero siempre le sonreía y le ofrecía buena cara porque era el sentimiento que nacía en mi, eran las sensaciones que tenía. Albinegro, Mufi y Kalima se desgañitaron bien gritando y reflejaron con sus cámaras las veces que pasamos por donde se encontraba la piña de la afición.

 

     También intenté ver a Javier cuando veía a los de las primeras posiciones pasar a mi lado habiendo recorrido ya mucho más espacio que yo, pero no logré capturar su imagen, lástima porque la velocidad que gastan estos deportistas es de otro mundo. A Nachete lo vi en la zona de la Concha, por cierto que preciosidad y vaya lujo poder estar corriendo por allí, es una zona de una recta importante que pica un poco al principio hacia arriba y luego se empina un poco más, pasando por debajo de un túnel y saliendo a una rotonda donde se gira y se vuelve por donde has venido, pero por el otro carril, aquí bajando y llaneando, por lo que cuando yo iba Nach volvía en la primera vuelta, y aquí nos dimos ánimos y subidón a tope.

      Si bien hubo algún momento en que el ritmo de mis piernas pareció querer bajarse, más lo atribuyo a que se había anteriormente acelerado de más que a un bajón por el desgaste propio del esfuerzo sostenido durante tantos kilómetros. Porque con esa mezcla tan extraña de sensaciones, cuando llegaban estímulos como los de esas calles llenas de gentes gritando el famoso “Oso Ondo” a diestro y siniestro, el ritmo se me acrecentaba sin querer y tenía que ir frenando ante el temor de pasarme y luego pagar esos excesos al final.

 

      Pero en el primer paso por la subida desde la Concha ya me fijé que al otro lado, en lo que luego sería la bajada, estaba situado el Km. 38 de carrera, y allí es donde decidí que si llegaba con la fuerza suficiente, arriesgaría a un cambio de ritmo y buscaría bajar de las 3:30 que llevaba en mente. Y así fue, tras ir mirando el crono durante toda la carrera, antes de llegar al punto del ataque planeado me alcanzó por detrás gente de Castellón. Un corredor al que ya he visto en muchas carreras, montaña, asfalto, medias y ahora en el maratón, su primera vez también según creo. Hablamos un rato y ellos –iba en un grupete, pero principalmente duado con otro corredor- se fueron a un ritmo más rápido y yo aún no quería soltar el resto. Me invitaron, pero no piqué porque quería recuperar líquidos y tomar un gel, antes de echar toda la carne en el asador. Los perdí de vista y aquí continué por una zona que se alargaba más hacia una avenida muy amplia donde se hacía un giro de 180 grados y se volvía en el sentido contrario. Aquí empecé, tras haber dejado atrás la señalización del Km. 37 unos minutos antes, a cambiar el ritmo, ví que podía mantenerme ahí y empecé a pasar gente que ya comenzaba a sufrir muchísimo, algunos incluso andaban, pensando que el tío del mazo estaría por allí cerca y que me podía coger seguí apretando los dientes y convencido que podría acabar bien, empecé a subir de puntos en mi cabeza. La gente se iba fundiendo y vi a los de Castellón, que había alcanzado, que se quedaban atrás. Me saludaron y animaron: Vamos Pirata, vamosssss. Yo ya no iba a parar. Ahora el recorrido giraba en un par de calles entre el clamor de un gentío de importancia y se dirigía  a embocar una gran trazada que rodeaba la entrada al estadio, aunque antes habías de recorrerlo por fuera, aquí otra inyección de fuerza mental incrementó el ritmo y ya viendo la entrada al estadio desde lejos alcancé a un buen número de corredores que iban siendo superados y dejados atrás, pero iba muy cómodo, y al pasar por la puerta del Estadio, con un subidón increíble, solo oía un griterío que iba aumentando de volumen conforme yo iba acelerando y dejando atrás a más y más deportistas mientras llegaba a la recta de meta, acelerando y sin tan siquiera ver lo que ponía en el crono del arco de meta........No pude parar de inmediato, tuve que dejar de correr para trotar muy despacio y poder coger el ritmo de respiración poco a poco para no ahogarme. Conforme pisé la hierba del estadio un nudo en la garganta me atenazó y produjo un fuerte dolor en la nuez. No podía tragar y el llanto se me escapaba como un torrente incontrolado, no sabía porqué, pero me sirvió de desahogo de la fuerte emoción que había vivido en esas tres horas y pico que estuve corriendo. Cuando miré por fin el crono ya habían pasado un par de minutos, ... luego en el tiempo oficial comprobé que había marcado 3:24:02, seis minutos menos que la marca que pretendía hacer. Un bienestar y una tranquilidad increíbles me dominaron entonces y las sigo sintiendo todavía hoy cuando recuerdo lo vivido en mi primer maratón.

 

      Mis familiares, venidos desde la vecina Navarra, vieron la llegada, junto a mi mujer Mariló y al resto de la afición. Nach estaba en la grada, me saludó y felicitó enseguida, pero su rostro reflejaba una tristeza exigente. No vio en el crono su marca, su objetivo está más que cumplido por todo el esfuerzo empleado en la preparación de este maratón, por todo el desgaste ejercido durante el desarrollo del mismo, y por todo lo en serio que se toma el disputar estas carreras, así como por el tiempo logrado. Por segundos no estaba su rostro alegre e iluminado en aquel momento, pero este no fue sino el nacimiento de la voluntad más firme aún de intentar conseguir, por su parte y por la mía, mejorar nuestras marcas en otro maratón.

  

      Vaya desde aquí un caluroso abrazo para ese amigo que inyecto en mi la voluntad de preparar esta prueba y que gracias a su complicidad este proyecto de carrera, viaje y disfrute entre un grupo de amigos haya sido una realidad. Gracias Nacho, muchas gracias.

 

      Como no, gracias a miles, besos, abrazos y lo que sea menester, para mi mujer Mariló, que aguanta mis horas de entrene comprendiendo que una parte de mi es y necesita ser deportista, que mi espacio está en ese inocente rincón de libertad que se llama entrenamiento diario, y que con su apoyo desde que se planeó el viaje hemos disfrutado y padecido juntos. Gracias cariño, muchas gracias.

 

      También se las doy al resto de la afición, Kalima y Mufi, animadoras de condición y la envidia de muchos participantes. A Albinegro que nos hizo el viaje más ameno y seguro, por su música y su Ton-ton, jeje. Al gran Palmachine, que no descansó en todo el viaje para que los que íbamos a correr y el resto de la cuadrilla no tuvieran falta de nada, para conducir a medias con Albinegro y conservando el temple a pesar de tener él mismo más ganas que nadie de disputar la prueba, de ponerse las zapatillas y correr libre como el viento, mereces estar carrera y volverás por tus huev.... .por tus fueros, quiero decir. Gracias amigo, muchas gracias.

 

      Y por supuesto, desde Castellón, pasando por San Sebastián y girando hacia  Monzón, enviar un especial saludo y sincero agradecimiento a ese amigo desinteresado que ha invertido su tiempo en hacer felices a gentes del otro lado del mapa de España. Gracias Javier, muchas gracias.

 

      Solo me resta acordarme de aquellos que no pudieron venir, Pompeya, Koyo, Rosae,   y por supuesto los niños, Marc, Raquel y Carla, Miriam y Paula. Sé que nosotros estuvimos en vuestros pensamientos, al igual que vosotros en los nuestros, especialmente de nuestra hija MAR, el tesoro de nuestra casa, que nos partió el alma cuando nos fuimos y nos la dejamos en casa con los abuelos llorando porque no podía venir, pero que cuando volvimos atesoró la medalla que había ganado su papi y hasta se la llevó al cole para que la vieran su profe y amiguitos, que pasada, jajajaja.. Gracias, muchas gracias a todos.

 

      Hasta la próxima.

 

      Agur.