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CRONICA MARATO I MITJA 2006. EL REGRESO.
Hace un tiempo
prometí hacer una crónica de alguna de las carreras a las que voy
participando, siempre en compañía de buena afición y amigos, rodeado de
toda esa gente que vas conociendo en dichas pruebas deportivas, pero he
querido reservar la ocasión para cuando cumpliera mi más ansiada promesa
interior: mi vuelta a la prueba de pruebas en cuanto a la montaña se
refiere, la mítica, admirada y no menos temida Marató i Mitja Castellón-Peñagolosa.
Para ello no tengo otro remedio como preámbulo, que remontarme al año
2.002, último de los tres en que he podido participar y acabar dicha
prueba desde el dos mil, en que conocí la prueba desde otra perspectiva,
la de salir desde el c Castalia sin saber siquiera por donde
transcurriría la carrera y sin entrenamiento alguno, consiguiendo acabar
igualmente aunque con 13:47 h. Este punto de arranque hizo que en el año
2001 el grupo de amigos decidiéramos participar al completo y para ello,
preparar de alguna forma -más o menos acertada- la carrera y no con la
meta de acabar el recorrido (que no es poco) sino de mejorar el tiempo
en lo posible. Así pues, en mi última participación yo me impuse una
meta que estaba convencido sería capaz de alcanzar (10 horas o menos),
pero ese año dos mil dos acabé con once minutos más sobre el tiempo
trazado y aquí quedó la huella de una meta conseguida a medias. Y aquí, comienzo a narraros El retorno de “El Pirata”. Toda la semana de antes de la carrera ya estaba nervioso, sabía que el reto que afrontaba era más que solo correr, para mi suponía reivindicarme como persona, demostrarme que además de poder encajar todos los golpes que la vida nos da durante mucho tiempo, uno detrás de otro y algunos todos a la vez, podrían ser superados en su momento, pero la huella, el toque que te deja mermado y hace que durante días e incluso meses no seas tú mismo, solo se puede recuperar auto-demostrándote que puedes con todo, y ese símil me lo tenía que dar la consecución de esta meta, de este increíble reto que es la MiM. Por lo dicho, las visitas al WC eran continuas, varias veces al día, así que pensaba que no ganaría más peso aunque me hinchara de comer. El día de la carrera, me levanté con la sana intención de poder comer un desayuno en condiciones, abundante y nutritivo, con energía para liberar al menos en la primera mitad de carrera. Eran las tres y media cuando intenté tragar unas espirales de pasta, pero me fue literalmente imposible, no como el visitar el water, donde acudí con asiduidad en varias tandas. Al final preparé el cinturón del agua, con la botella y puse un par de glucosas para el camino por si necesitaba echar mano de ellas, quería estar alimentado y bien hidratado toda la carrera.De casa cogí el coche y pasé por casa de Koyo que enseguida bajó a las 5 a.m., y de aquí a por Palmachine. Aparcamos por los alrededores del estadio y entre bromas y parlamento, llegamos al punto de encuentro con el resto de correcabuts. Allí estaban Jose (cuñao), Jose Luis (Mañoso) y Jungla, así como el amigo Nacho, al que acompañaban su esposa Charo y su hermano Dani “Albinegro”, apoyo logístico y reportero respectivamente. Mas tarde encontré a mi cuñado Luis (tampoco la había hecho anteriormente, ¡que acabes bien! y a mi hermana Olga que nos desearon suerte a todos. Tengo un recuerdo para un Correcabut en paro de carreras, nuestro amigo “el Agüelo”. Pasamos todos la alfombrilla del chip y en la cabeza se produjo el relax –ahora ya va en serio, hay que ir a por todo- una sensación de tranquilidad me invadió y solo quería empezar la prueba, aunque dentro mío arde la rabia contenida por mucho tiempo sin poder correr, por todos esos malos tragos de algunos capítulos de mi vida apretados en un “concentrado de rabia” esa “fuerza del lado oscuro”. La gente se amontonó acercándonos contra la línea de salida, bajo la puerta del hinchable. El speaker anunciaba algo pero entre el gentío no se podía oír bien. Todos nos deseamos suerte y pensamos en como nos irá a nosotros mismos y al resto. Pienso en todos, ¿qué hará Jungla, que no ha hecho nunca esta carrera?, ¿y Mañoso que la acompaña? Jose va a otro ritmo diferente al nuestro ¿le irá bien? Y ¿Nach podrá batirse a si mismo y mejorar su magnífica marca? ¿Acabaremos Koyo y yo juntos la carrera?, ¿mejorará su tiempo, como siempre ha hecho? Palmachine, ese tobillo que se machacó en Villafranca ¿le dejará salir? ¿podrá acabar? Estoy convencido que si no hubiera tenido que conservar por su lesión, saldría como un león, junto a Nach, que ya había buscado su puesto algo más adelante. Aún pasaron unos interminables minutos en que los pitidos de los cronómetros poniéndose a punto anunciaban la inminencia de la salida. ZASSSSSS, aquí está, la multitud empezó a moverse, los primeros son como flechas, se pierden al frente de la hilera humana, ancha y colorida. Junto a mi corre Koyo, y a su lado un amigo del gimnasio. Empezamos a trotar rápido, a mi me gusta más calentar bien antes de apretar, pero hay que llegar bien situado a la senda de la cantera, junto a la urbanización. Al pasar por los puestos controlados por policías éstos tienen las luces de los coches encendidas. En un puesto de tráfico está el, para mi inigualable, Gabriel Marín..... Supercampeón, hoy ve a otros correr; ¿qué pasará por su cabeza?......... Sigo a mi ritmo puesto a crucero, Koyo y su amigo me toman unos metros de delantera. Mi compañero mira a menudo hacia atrás, le levanto la mano: estoy aquí tranquilo – no quiero forzar más el ritmo, está bien y voy cómodo, me ayudará a romper a sudar sin forzarme (hi ha llonganisa per a rato), subimos toda la urbanización trotando pasamos hasta la cantera rápido, cuando llegamos aquí nos reagrupamos los tres y cruzamos para buscar el campo de golf. Bajamos a trote medio y alcanzamos Borriol con sensaciones muy buenas en las piernas. Por el recorrido de la Via Augusta y junto al carril bici, saludo a varios corredores clásicos de la ronda Este y del Pinar, como ejemplo básico os mento al Sr. Eladi. Llegamos la base de la Pedra dejando atrás los huertos de naranjos y sobre la mitad de la primera rampa dejamos de trotar. El amigo de Koyo se queja de la rodilla, le está molestando y debe aflojar el ritmo. Más tarde me enteraría de su abandono, que lástima, se le veía muy bien y con ilusión de sobra. A mi me quema en las entrañas esa fuerza oscura que está viva y me quiere empujar a ir más rápido – tranquilo, la carrera es muy larga, aquí hay que moderarse e ir a la marcheta – pero mi cabeza manda y pone el tren que toca. La subida a la Pedra la hacemos muy cómodos y a ritmo suave-alto, puesto que incluso en unos tramos trotamos un poco y vamos bien (de cuando en cuando hay que dejar salir algo de las tinieblas reconvertido en piernas ligeras, sino no sé como parar ese empuje, es algo indescriptible). Cuando llegamos arriba volvemos a correr con suavidad para alcanzar el primer control: 1:22 h. No está mal, quizá más rápido de lo que tenía pensado, pero me encuentro muy bien y la cabeza empieza a enviarme ráfagas de rabia contenida por esos problemas que te dejan tocado, historias que últimamente me están agobiando y que no me van a doblar así como así, un montón de cosas que son recicladas y se convierten en movimiento rápido de piernas, es decir, en correr. Seguimos al trote y paramos a mear antes de la bajada de después del Pou de Mollet. La bajada está resbalosa y hemos de poner cuidado, pero aún así la bajamos bien. Todo el tramo hasta el cruce de la carretera de Villafamés a San Joan de Moró vamos a la marcheta pero sin parar, de vez en cuando trago de agua, y antes de la subidita de Oronetes, dado que el desayuno había flojeado, tomo una glucosa y en el inminente control, plátano. En Les Oronetes me tengo que recolocar la tobillera derecha, me está haciendo daño y queda mucha carrera, pierdo un par de minutos en ello, Koyo me espera pero tiene ganas de salir rápido. Enseguida me levanto de la piedra donde me arreglaba la tobillera y empezamos a correr otra vez. Llegamos a la cuestecilla de antes de la larga bajada a la rambla y aquí sigo trotando (quiero trotar más rápido, pero me contento, estoy empezando a perder el control), empiezo a bajar y veo que Koyo va un poco más atrasado, pero solo tres o cuatro corredores detrás. Empezamos el descenso y en algunos sitios me voy esperando, a ver si nos reagrupamos, pero si freno mucho pierdo seguridad en al bajada, alargo la zancada y me estabilizo mejor. Miro un par de veces más, Koyo sigue ahí, parece ir bien. Ahora toca cruzar la rambla, terreno peligroso para mis tobillos, ambos van sujetos con tobilleras y el velcro exterior de apriete, me siento más seguro y no quiero repetir la doble rotura de ligamentos que me hice en el desierto (3 de enero pasado), que me tuvo parado dos meses sin entrenar, y aunque me molestan un poco, voy a probar a ver si puedo acabar con ellas, si veo que me incordian mucho en Useres me las quitaré. La rambla la paso tras un grupete que iba muy conjuntado y a buen ritmo, les sigo y veo que Koyo afloja un poco y va perdiendo terreno, bajo la marcha- como puedo, el ansia es muy fuerte, casi me tiro de cabeza al lado oscuro y si hago esto la carrera puede hacerse interminable, he de regular- y quedo en tierra de nadie, se me va el grupo y voy haciendo el puente, miro atrás y veo que a pesar de frenar el ritmo, Koyo no llega, sigo trotando hasta la subida de hormigón (el ansia, el ansiaaaa), a mi amigo lo he perdido de vista, seguro que ha dejado de trotar y estará recuperando andando. Desde lo alto de la pista aún no puedo verlo, decido seguir hasta Useres a mi marcha, a ver si allí nos reagrupamos. Cuando llego al control de Useres está lloviendo, me mojo y noto frío en mi espalda, cojo plátano, naranja y bebo isotónica. Aquí delante mío está mi mujer Mariló y unos metros más cerca mi hija Mar y su amiguita Raquel, me vienen a buscar corriendo, con sus capuchas puestas y Mar me mira con ganas de que me quede con ella. Las beso a las dos y me sube un golpe de corazón que hace que mis sienes sientan los bombeos del músculo cardíaco. Beso a mi mujer que se muestra muy contenta y estoy que si me pinchan subo a la luna, me siento acelerado (la fuerza tenebrosa me ha embriagado, no puedo resistirme más, voy a darme rienda suelta y decido irme rápido). Siento que empiezo a enfriarme, asoma el temible dolor de espalda, y tras cinco o seis minutos de control, me voy sin haber visto a Koyo. En el momento en que salía, él llegaba pero ahora el motor ya está acelerado (el veneno me puede, me voy, me voy). He llegado a Useres en 3:25 y arranco a semi-trote hacia la salida de la población que hago a pie hasta que paso la “zona de escalada” y cojo otra vez el caminete arriba, empiezo a beber y veo a dos corredores: son “Els Picats”, con los cuales converso, troto un poco y se van por delante (sería la tónica hasta acabar en San Joan, nos juntábamos, nos separábamos y otra vez juntos en otro punto). En las subidas me sentía bien, el cuerpo subía bien sin forzar la tracción de las rodillas, no me costaba respirar correctamente y cuando pensaba que estaba en buen tiempo, más me motivaba y más empuje sacaba, iba borracho de ganas de seguir adelante. Durante todo el recorrido, desde que salí, llevaba un papel con los tiempos que Nach había elaborado como referencia para intentar un tiempo u otro. No lo he mirado en toda la carrera, pienso en ese papel y como me encuentro bien, decido no mirarlo, no quiero desmontar de mi cabeza la inamovible decisión de seguir adelante, ese empuje que funciona perfecto y hace que, a pesar del esfuerzo realizado, siga encontrándome muy bien y esté tan convencido de acabar y además conseguir un buen tiempo. Después de una subida medianita, sigo el camino hacia la pendiente larga y peligrosa que ziazaguea montaña abajo, toda mojada y resbalosa, las rodillas ya advierten que no me pase, ahora toca tomar las cosas con un poco de calma, pero la bajo trotando despacio, y cuando toco por fin suelo plano vuelvo a trotar con determinación, voy a buscar San Miquel de les Torroselles, y la verdad me estoy encontrando muy bien, no me duele la espalda, mi talón de Aquiles, y las rodillas, aunque marcan precaución, siguen portándose como campeonas, en cambio los tobillos hace rato que me duelen, decido que en la parada que haré en San Miquel me las quitaré. Para cuando me doy cuenta, resulta que estoy subiendo la cuesta que lleva a la ermita fortificada, donde está el control. Desde arriba oigo un grito decidido, ALE SAZOOOOOO, es Dani, (este es el reportero, pero tiene una vista de lince); enseguida se oye un griterío abrumador, yo no puedo ver a nadie, pero es evidente que a mi me han conocido, PIRATAAAAAAA, VENGA, ÁAAAAANIMOOOO, ...... Estoy escribiendo y se me abrillantan los ojos de recordar ese momento, .... fue como si me inyectaran adrenalina pura, las piedras y la cuesta habían desaparecido, el pulso se me aceleró y cuando me dí cuenta estaba arriba del todo, felicitado por Rosi y sus padres, Charo, las niñas, todas alborotadas, Dani, Lorena, sus amigos, mi mujer que me vio entero y comprendió que iba muy bien, mi hija que me dio un fuerte beso, Rosamari que aplaudía, .... es indescriptible, no tenía ojos suficientes ni velocidad de procesador para poder hacer entrar todo eso a mi cabeza en esos momentos, pero luego me acordaré toda la vida, sosegado en casa “aparecen” desde el fondo de la memoria. Creo que la emoción te bloquea en esos instantes. De la mano de mi hijita subo las escaleras de San Miquel, entro, el reloj marca 5 horas clavadas de carrera, cojo plátano, y veo a la mujer de Julio Rodríguez, hermano de un compañero de curro (Fernando), luego supe que había marcado 7:21 horas, está como un toro el muchacho, me alegro mucho, también hacia años que tenía lesión de rodillas y ha vuelto por la puerta grande. También estaba Mariló (otra Mariló, la cuñada de Julio), en funciones de afición y logística. Los saludo a todos y me dan la noticia que Nach no va bien, tiene problemas en las rótulas, pero ha seguido hacia arriba decidiendo acabar (es Correcabut y es un campeón). Me dan una bebida recuperante, tipo Redbull, solo puedo tomar la mitad (está asquerosaaaaa, buajjajf). Quito la tobillera de mi pie derecho, la izquierda la dejo puesta (hasta el final), quiero cuidarme ese tobillo, es el más débil y no me molesta como la del otro lado. Me levanto, me despido y me voy, cuando salgo por la puerta veo a mi vecino Chimo, el día antes comentábamos la jugada, le invito a trotar pero él decide seguir andando, “que ahora viene subida un buen rato”. Yo troto un poco, me paro, alcanzo un grupete y les pido paso, me lo ceden enseguida y vuelvo a trotar hacia arriba, veo que sigo teniendo fuerzas y no me agobia el dolor y el cansancio. Todo lo que puedo, por ese trazado hasta la base de la Lloma lo troto despacito, pero procuro parar lo menos posible. Me viene a la cabeza los consejos de mis amigos, cuando entrenábamos, Nach.- estos tramitos si los puedes trotar al final son unos minutos preciosos que te quitas del tiempo total. Y de Palmachine, durante toda la carrera me bombardeaba la frase de cada entrene.- “¿ves? Esta es la marcheta Penyagolosera, así, sin prisa pero sin pausa, jajaja.” Me pongo a tren en las subidas y cuando voy a coger la primera rampa fuerte justo bajo la Lloma Bernat, ya en la pista más ancha, veo las camisetas de Grillo y el Araña, saludo a Ángel, no sabía que era “grillo”, parece que ha tenido un bajoncete, pero están en muy buen tiempo, le doy ánimos y sigo a buena marcha hacia arriba, ya todo andando. Me pongo detrás de una chica, le pregunto si sabe en qué puesto va, ella no lo sabe pero un corredor delante de ella dice que es la 6ª, la que hace la cinco ha pasado hace un ratillo. Le pregunto a ella si va sola, dice que su liebre estaba recuperándose – Ya lo has reventado- le comento mientras hablando se distrae y le ofrezco subir a mi marcha, para darle ese puntito de más y de ánimo. Me sigue y llegamos arriba juntos. Luego se marcha y no se que se hizo de ella, pero seguro que consiguió un tiempazo. Lástima, no le pregunté su nombre –demasiada faena la Lloma a tren medio y hablar- seguro que la veo en otras carreras. Por estos lares vuelvo a coincidir con Els Picats varias veces, me adelantan, les adelanto, pero tengo claro que nuestro ritmo es parejo y nos veremos así hasta el final. La bajada por la arboleda me cuesta ya bastante por dolores en tobillo derecho y rodilla izquierda ¿será la compensación de pesos y hace que fuerce a un lado y a otro? Vamos camino de Xodos y aquí tengo un tramo psicológico delante, justo antes del pueblo, se cruza el barranco y hay una pista ancha que pica un poquito arriba. Siempre me cuesta este tramo, vaya puteo.... Me concentro y ando, voy a recuperar, las paradas han sido cortas y habré de regular un poco, aunque el empuje masivo sigue en mi interior apretando, el físico se debilita, pero el volcán interno empuja como nunca –Esto me lo como en un ratito, un poco más en Xodos, arriba y al Marinet, que es como una excursión de domingo- en mi cabeza todo se minimiza, quiero llegar a Xodos e irme pitando, si paro igual me enfrío y luego me empezaran los dolores, no lo haré largo. A media subidita me junto con Els Picats otra vez, ¡Que Campeones!, Luis me dice que hace quince días han estado en la maratón de Madrid..... qué locura, ¡vaya entrenes os pegáis, no se tiene que hacer eso, etc.! Comentando el asunto llegamos al caminete de debajo de la muela de Xodos. Aquí se animan uno al otro y deciden trotar, me invitan a ello, pero yo les digo que voy a recuperar un poco para la subida del Marinet. Cuando llego a Xodos hay gente en la rampa de antes de las casas, animan a todos, que bien va, paso lo fuente y allí en un suspiro el control. ¡VAYA SORPRESA! Mi hermano Miguel Angel (Ripo) está allí junto a su mujer Ana. Me dice que llevo un buen tiempo y me paro un poco con ellos, hago un poco más largo el reposo y me siento en un bordillo de la entrada de una casa. Comento un poco la carrera con Ripo, el pobre deseaba estar ahí, pero este año, a pesar de estar en muy buena forma, no ha podido ser por temas personales. En el control también hay una conocida, Tica, que de refilón somos casi familia, parlamento un poco con ella y me voy para la pista que conduce al último gigante de la carrera antes de meta El Marinet. Aún en las afueras de la población está el Albinegro con una bandeja de chorizo, salchichón y cerveza “la gana”. Me ofrece, pero mi cuerpo no admite nada, y la vista se me va al punto direccional, hablo con la afición allí presente (otra vez cuatro allí, increíble) Charo me dice que voy muy bien y me despido, me hacen dos fotos y me voy con un tiempo de salida de 6:45-6:50 h, no lo tengo muy claro. Troto un poquito en la pista, bajo hasta la fuente y allí paro para andar hasta acabar el Marinet. Empiezo la subida y el león que ruge dentro vuelve a reivindicarse. A Els Picats les había visto salir, pero ahora ya no se donde están, deben haber recuperado bien y ahora me veo solo. Delante mío oigo a otro corredor que me lleva unos cincuenta metros, aunque no lo veo. Va jurando en Arameo, yo pongo “subida a tren” (la Panderola como mucho) y paciencia. Paso a ese corredor, le saludo y animo y él a mí, ya me duelen las rodillas y el tobillo derecho cuando empujo hacia arriba me falla la fuerza y el dolor empieza a hacerse inquietante. Aún así la presión rabiosa sigue mandando ir a tope, pero el cuerpo hace lo que puede. Pienso en gente que me ha complicado la vida- fuera de lo deportivo, por supuesto- pienso en que llegar a meta será como darles una patada en la cara y tumbarlos de espalda para no levantarse en un buen rato- (aprieto los dientes tanto que luego me dolió la boca durante un par de días) me siento avanzar medianamente bien y paso a cinco o seis corredores más en toda la subida. Cuando estoy para coger la senda de arriba del todo, justo en ese momento veo que Luis (Picats) está enfrente mío- ¡que bien! Me pongo a su lado y me comenta: ¿ya estás ahí? Si, aquí otra vez. Entre querer trotar y poder andar era casi lo mismo. Me comentan que otro componente de Els Picats “Maikel” va por delante y seguro ha hecho un buen tiempo (así fue, bajo sobradamente de 8 horas). Nos juntamos y trotamos la bajadita hasta base de la Banyadera. Este tramo no lo he hecho desde hace cuatro años. Sé que tendré que sufrir, así que ahora cojo otra vez el tren a la marcheta y subo a mi aire, mis compañeros de aventura encuentran a un conocido (Viçent creo que lo nombraron) y suben con él. Yo me alejo un poco y los pierdo de vista, subiendo aún me veo bien a pesar de los problemas del pie diestro. Llego a la cima de la Banyadera y aquí pienso que la bajada se me hará eterna. No me queda nada, no voy a dejar de sufrir y el esfuerzo que haya que hacer se hace, por un momento pienso en lo bonito que sería llegar antes de 8 horas, aun con 7:59, psicológicamente cambia mucho, pero veo por el tiempo que si al empezar a bajar no cojo ritmo será imposible del todo. Antes de tirarme hacia abajo agradezco la labor de la gente de ese último control. A cada corredor le nombran por su nombre, venga Francisco....ó Paco, como quieras....contesto: Hay Paco, paco, ...paco, jajaja. Sus aplauso y ganas de animar son impresionantes. Gracias a tod@s y para abajo.
Lo que me
temía, la rodilla derecha dijo basta, el tobillo no daba para más,......
pero la bomba de relojería quiere explotar llegando a meta como un
campeón, voy trotando por inercia, controlando no doblar los tobillos y
protegiendo la rodilla, en muchos tramos entre las piedras ando para no
caer al suelo. Punteo cada piedra con los pies (dos “unglas negras”, una
de ellas doble unglanegra, son el balance de esos punteos), quiero
correr y casi no puedo. Oigo una risa a mi espalda, otro corredor que me
esta alcanzando y me ve se ríe, nos miramos y compartimos la risa:
“chaval, ya no funciona nada, Mei dei, Mei dei, nos hundimos jajajaaj”
Con la bromita se me activa el turbo cardíaco, esa fuerza y
determinación que me han hecho llegar hasta aquí, solo quiero llegar, la
bajada se me hace eterna, muchos corredores me pasan, recuerdo las
palabras de Nach: “Cuando llegas al bosque y corres por allí ya no te
duele nada, ya sientes la meta y se te pasa todo..... joder, como me
gustaría sentir eso, pero me es imposible, tengo miedo de mi rodilla
izquierda me duele como cuando se me declaró la condropatía, casi me
bloquea la articulación, falta grasa en la bisagra, no sé, ahora me da
igual tres que veintitrés. Un corredor me alcanza al final casi, hay
gente apoyada en los árboles y escuchan la conversación del otro
deportista: Aço no s’acabe mai o qué? Un aficionado le dice que quedan
doscientos metros, ....y sale despedido, como al sprint. Yo no puedo de
dolor, ahora el tobillo también me machaca, pero vuelvo a pensar en todo
el equipo Correcabuts, la afición, mi mujer y mi hija que estarán ahí.
Me emociono y se me escapan unas lágrimas. Aquí si que verdaderamente se
me fueron todos los males, oigo al speaker de meta, se me revoluciona la
sangre, veo a la gente y la bajada puede jugarme una mala pasada. Una
persona me dice: “por aquííííííí, jajajaja, es Rosi, me anima y me llama
campeón (que me lo voy a creer y todo) trago saliva, el nudo en la
garganta hace que me duela la nuez y me congestiono, pero con aparente
tranquilidad enfilo la recta a meta. No veo a mi mujer, no la ubico,
pero de repente, desde la izquierda sale corriendo esa personita de
carita viva y ojos impresionantes que es mi hija – LA MÁS GUAPA DE
TODAS, CLARO- corre a mi lado mientras me da la mano, riéndose, solo me
mira las zapatillas: aláaaaa papi, las has hecho todas susias,
jajajajaaja, ¡vamos hija, vamos, que voy a ganar la carrera! Ella corre
y casi me empuja hacia delante. A la izquierda, tras la cinta de
plástico, toda la afición Correcabuda, Ripo también ha llegado con Ana,
hasta los padres de Rosi impresionados por todo lo que la carrera
supone, todos aplaudiendo y animando, como siempre......Nacho está ahí,
pero no puedo pararme a saludarle mejor, voy ocupado con la niña que
sigue y sigue (tiene la semilla, tiene la semilla cabuda en su interior,
jajaja), levanto la mirada, veo la puerta hinchable, el marcador, la
metaaaaa, corro hacia allí y aún veo a Fernando -mi compañero- animando
y apenas puedo chocarle la mano, unos metros más y..... al fin, tras
ocho horas y catorce minutos........, META.
Gracias.
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